HACERSE CIRUJANO TORÁCICO – CARDIOVASCULAR

¿Qué motivaciones influyen en la decisión de querer formar parte de esta especialidad tan gratificante y apasionante?

En este artículo del Dr. José Luis Vallejo donde nos describe su experiencia particular con la especialidad, encontraremos algunas de las claves: el porqué, lo que se necesita y lo que se siente…


Me hice cirujano cardiaco

Dr. José Luis Vallejo

Siendo estudiante de Bachiller supe que algún día sería médico. A pesar de no tener ningún referente en mi entorno, de alguna manera sentí que aquello era para mí. Inicié la carrera de Medicina en la Facultad de Cádiz en 1953, aunque más tarde me trasladé a Madrid para continuar mis estudios en la Universidad Complutense. Ya en la capital, estudiando Patología General en cuarto curso con el Prof. D José Casas, el destino me brindó la oportunidad de hacer prácticas en el actual Hospital de la Princesa. Su Servicio de Cirugía General estaba dirigido por aquel entonces por un gran cirujano y maestro, el Prof. D. Plácido González Duarte, quien nos acogió gratamente. Poco tiempo después me di cuenta de que quería ser cirujano. El Dr. González Duarte, mi maestro, despertó en mí la pasión por este campo. Él ha sido sin duda el mejor cirujano, junto con otro gran cirujano, el Dr. Pierre Grondin del Institute of Cardiology de Montreal (Canadá), que he conocido a lo largo de toda mi vida profesional. El primero me enseñó toda la cirugía excepto la neurocirugía y el segundo, me inició en la cirugía cardiaca.

Terminé los siete años de carrera en junio de 1960 y un par de años después gané por oposición la plaza de Cirujano Residente en el servicio de D. Plácido González Duarte. También comencé a preparar mi Tesis Doctoral don el Prof. de Anatomía Don Francisco Orts Llorca, quién me nombró Profesor Ayudante.

Mi amigo Orueta era Médico Auxiliar (equivalente a 2º Jefe del Servicio) y un apasionado de la cirugía cardiaca, por aquel entonces cirugía cardiaca cerrada. Viajó a California y permaneció unos meses en prácticas. Cuando volvió quiso implantar la cirugía abierta. Juntos empezamos un programa de cirugía experimental con perros. Las condiciones no eran óptimas y probablemente hubiera echado atrás a muchos, pero sabíamos que tarde o temprano obtendríamos nuestra recompensa. Los operábamos bajo anestesia general e hipotermia moderada. Usábamos una flamante máquina, la Kay-Anderson de pantallas. Pasamos tiempos duros hasta lograr la supervivencia de los perros.

Durante toda esta aventura, que duró un par de años, no percibíamos honorario alguno e incluso pagábamos de nuestro propio bolsillo los perros y otros gastos de menor cuantía. Por fin hallamos la recompensa con la intervención de un chico al que se cerró una comunicación interauricular con éxito. Ni qué decir que nuestro aparataje, a pesar de su modernidad, causaría risa o admiración a los actuales Residentes. Los que se admiraran serían los que se embarcarían en la aventura de la cirugía cardiaca.

Fue un tiempo que recuerdo con cariño y que nos llenó de orgullo y entusiasmo a todos los que trabajamos en ello. Durante nueve años trabajé como cirujano general con el haber anual de 10.000 pesetas (60€). Según pasó el tiempo ganábamos algo más con las llamadas derramas.

En enero de 1969 fui contratado como Médico Adjunto de Cirugía Cardiovascular en el Hospital Provincial de Madrid, con el haber mensual de 20.000 pesetas (120€). Esa fue la transición hacia la época actual. Los sueldos estaban regulados, así como el trabajo. Las guardias eran de 24 horas y estaban incluidas en el sueldo, hasta que pasados unos años se comenzaron a abonar como haberes independientes. Paulatinamente fueron evolucionando según las necesidades hasta que llegaron a ser de tres tipos: de presencia física de 24 horas; de alerta con disponibilidad durante toda la semana y por último la guardia de trasplante cardiaco. En esta modalidad se pagaba a dos equipos: el que realizaba el trasplante y el que hacía la extracción.

Habrán notado en mi exposición que las denominaciones de los puestos de trabajo eran distintas a las actuales, dependiendo del hospital de que se tratara. Tampoco he mencionado el MIR, ya que su proceso de creación fue posterior. De hecho, junto con el Dr. Orueta representamos a nuestro hospital en los trabajos preparatorios de la organización MIR entre un pequeño grupo de hospitales que estuvieron dispuestos a implantar y soportar los gastos del sistema. En toda esta labor tenemos que recordar al Dr. Vicente Rojo, querido y recordado amigo, que con su dedicación y tenacidad logró que el Gobierno de la Nación se hiciera cargo y aceptara la organización MIR. Con el tiempo se demostró su eficacia y su prestigio.

Durante ese tiempo en el Hospital Provincial, fui Profesor Adjunto en la Universidad Complutense de Madrid. Más adelante pasé a ser Profesor Agregado y posteriormente me presenté a una convocatoria nacional para cubrir plazas vacantes y nuevas plazas de Profesor Titular de Cirugía en la universidad, en mi caso en la Complutense, plaza que conseguí.

A lo largo de mi vida activa obtuve el grado de Doctor con Premio Extraordinario. He sido Presidente de la Sociedad de Cardiocirujanos, Presidente de la Sociedad Española de Cirugía Torácica-Cardiovascular y Presidente de la Fundación Cirugía y Corazón. Además cuento con la Encomienda de la Orden Civil de Sanidad y otros galardones.

Como se puede apreciar, las formas de elegir una especialidad son en estos tiempos radicalmente distintas que en la época pre – MIR, pero estoy seguro de que la emoción, las dificultades, el miedo a no lograr el objetivo marcado y un largo etc. son muy parecidos.

El ejercicio de la Medicina tiene una amplia gama de posibilidades que van desde la dedicación literaria (Historia de Medicina) al ejercicio de la Cirugía, pasando por la investigación y un amplio etc.

Con el paso del tiempo, en el ejercicio de la Cirugía se han creado un gran número de especialidades. La nuestra ha tenido y aún tiene un gran prestigio que nació con el éxito de la circulación extracorpórea, que permitió hacer operaciones “a corazón abierto”. Mantener a un ser vivo con el corazón parado y con una circulación y respiración artificiales durante un tiempo determinado con su total recuperación posterior es algo escalofriante. Los pequeños milagros existen en esta especialidad. Recuerdo que durante una intervención se soltó el reservorio (recipiente donde se recoge la sangre para enfriarla y reenviarla al paciente) produciéndose la rotura del mismo. La sangre se vertió al suelo. Yo notaba cierto revuelo y seguí operando al paciente, hasta que sustituyeron el reservorio. La reparación duró unos 45 minutos, permaneciendo el paciente ese tiempo sin ninguna circulación. Acabamos la operación dando por seguro el paciente moriría en unas horas. Sin embargo, cuando llegué al hospital el día siguiente el enfermo estaba despierto y libre de lesiones cerebrales. El inicio de los trasplantes cardiacos fue emocionante porque desplazó a la muerte cuando se había producido un fallo cardiaco irreversible. Fue un milagro y no pequeño. La actuación y puesta en vigor del llamado Programa Español con la creación de la coordinadora nacional de trasplantes con una regulación estricta de los criterios de extracción, la distribución correcta de los órganos obtenidos y un largo etc. Los magníficos resultados obtenidos son hoy bien conocidos por todos.

Resumiendo, vemos que en la época inicial de la cirugía cardiaca moderna imperaba el entusiasmo y la relevancia de la vocación que prevalecía sobre los medios técnicos y las condiciones económicas. Poco a poco la capacidad de sorpresa y entusiasmo en el progreso de la Cirugía se fue haciendo rutinario y el entusiasmo disminuyó. Hoy en día se presentan constantemente nuevos descubrimientos, nuevos y sorprendentes avances tecnológicos etc. Todos los jóvenes cirujanos deberían pensar que esta Profesión nuestra nos ha dado prestigio y respeto mientras hemos estado dispuestos a atender a nuestros pacientes con entusiasmo y dedicación. Aún cuando algunos adopten una postura ecléctica, saben que en el enfermo hay que depositar amor. ¿Suena excesivo? Tanto trabajo produce cansancio y momentos de desaliento, pero también grandes satisfacciones. El futuro momentáneamente no es halagüeño pero estoy seguro de que la Medicina no va a detenerse y que siempre habrá un grupo con curiosidad y decisión para participar en el nuevo aspecto que tendrá el ejercicio de esta maravillosa profesión. Será otra aventura que merecerá la pena.